Tenía seis años y estaba en primer grado. Empezábamos con los primeros dictados.
En la pizarra la maestra escribe el título:
“El barquito”
Entregué mi trabajo muy contento.
Al final del día, la maestra me pide el cuaderno de comunicaciones. Ni idea de lo que había pasado.
En mi redacción había escrito “El baraputo”. ¡Mi madre!
Este, llamémoslo incidente, marcó bastante mi inseguridad a la hora de escribir, de leer en público y la obsesión con las faltas de ortografía. Nunca se me dio bien la ortografía.
A los quince dejé los estudios y a mis veinte abriles, ya era un auténtico semianalfabeto.
Para más inri, se me dio por estudiar teatro. Una historia que contaré otro día.
Ahí di con dos personas maravillosas y generosas.
Una me obligó a leer en público contra todas mis resistencias. Muy cariñosa como firme me decía: Léa.
El otro intentó desasnarme un poco contándome los hechos básicos de la historia.
Me regaló-descubrió “Rayuela”, libro que se pegaría en mi cabeza para siempre.
Seguramente, todo esto hizo que Gabriela Llanos impartiera un curso de escritura creativa en MADPHOTO al cual me apunté, con todas mis “mochilas educativas” en la espalda, ayudándome a soltar algunas.
Hoy Gabriela, escritora, periodista y profesora, confía en mí para la producción de su podcast.
Desde “El baraputo” hasta hoy, los años fueron uniendo puntos, y acá estoy.
El miedo a cagarla nunca se fue, pero cada domingo nos ponemos cara a cara a medirnos delante de una hoja en blanco.
PD: Hoy estrenamos la quinta temporada de Punto y Coma de la Vida
