El amor que cambió mi vida

El primer amor de un niño es su madre. Pero hoy te hablo de otra cosa.

Te quiero contar de mis enamoramientos infantiles. 

La primera vez que lo sentí, tendría unos tres o cuatro años. Estábamos en una fiesta con mis padres y yo estaba con mucho sueño. Fastidioso. 

Una mujer (de la cual no recuerdo nada) me subió en sus brazos y me quedé dormido. Cuando desperté, seguía en sus brazos y me hablaba las típicas cosas que se les dice a los niños de otros cuando están en otros brazos.

La sensación de tranquilidad, de paz y de «enamoramiento» de esa perfecta desconocida me sorprendió siempre.

Un sentimiento inexplicable que, cuando mi madre estiró los brazos para que volviera con ella, hizo que escondiera mi cara entre el hombro y el pelo de mi «primer amor», rodeándole el cuello con fuerza para no separarme más.

Ya por esos años, mi padre me había regalado toda la equipación del Racing Club de Avellaneda. Su equipo de fútbol. 

«¿De qué equipo sos?», «De Racing» salía de mi boca automáticamente.

Por esa época me invadió el mismo sentimiento por mi tía Bety. Enamoramiento total.

Quedaba bobo delante de esa mujer (de veintipocos años), simpatiquísima y divertida. 

Alegre y graciosa, me enseñaba a repiquetear la lengua contra el paladar para que sonara como unas castañuelas.

Un día le di una cachetada porque se rio de mí. Me sentí tan dolido y avergonzado que le pegué.

Ella lloró; yo, arrepentidísimo, lloré. Hicimos las paces y nos volvimos a reír.

Una tarde llegó a casa y yo tenía puesta la camiseta de Racing. En cuanto me vio, me dijo: «Si te haces de Boca como la tía, te regalo un chupetín”.

Creo que fue la primera prueba de amor de mi vida.

El corazón casi me explota pensando que se lo tendría que explicar a mi padre. Pero estaba  enamorado y dispuesto a todo. Le dije que sí.

Me comí el chupetín, mi tía se fue… Y aquí te dejo imaginar la cena con mi padre.

La vida no trató bien a mi tía. Diría que en ningún aspecto. Enfermó y murió joven. Muy joven.

Nunca me importó el fútbol, pero cada vez que me preguntan «¿De qué equipo sos?», desde el día del chupetín, respondo: De Boca, como mi tía Bety.

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