Mi abuela se casó a empujones; iba para solterona.
La madre de mi madre no se quería casar. A mi abuelo no lo conocí. Murió cuando mi madre tenía once años.
La historia cuenta que mi abuela tenía un enamoradísimo señor que le pedía que no se casara con mi abuelo y se casara con él. Mario. Uno de los mejores amigos de mi abuelo.
Mi abuela siguió con el guion asignado y se casó con quien se «tenía que casar».
Mario también se casó y tuvo uno o dos hijos, no lo sé. Mi abuela, a mi mamá y a mi tía Bety.
Pasaron los años y mi abuela se enteró de una infidelidad de mi abuelo, lo que puso fin a sus relaciones sexuales hasta que el hombre murió, cinco años después.
Al velorio asistieron todos los familiares y… Sí, Mario, quien le prometió a mi abuela que siempre cuidaría de ella.
Cuando yo nací, Mario ya era (para mí) el marido de mi abuela. Venía los fines de semana y lo pasaba con nosotros. Durante la semana trabajaba fuera con una grúa.
Cuando empecé con las preguntas, pensé: ¿Por qué mi mamá y mi tía tenían un apellido distinto al de Mario? Ahí me contaron que el abuelo Mario no era mi verdadero abuelo y todo lo que se tiene que explicar.
Mi relación con él no cambió en nada.
Me hacía reír mucho. Era bastante borrachuzo y siempre brindaba: «Por tus ojos».
Un día se murió.
En ese momento me di cuenta de que Mario tenía dos familias. Un secreto a voces que nunca nadie confirmó.
Antes de morir mi madre, se lo pregunté y se lo llevó a la tumba.
Hasta aquí una historia de amor.
No sé cuántos años pudieron ayudar a mi abuela entre todos los familiares para que conservara la casa donde vivió más de treinta años, pero un día se acabó.
Siempre fue un ama de casa «como Dios manda» y no tenía ningún sustento ni patrimonio.
Vivió primero en la casa de una sobrina.
Después en la casa de mi tía (que no era de mi tía, sino de sus suegros).
Después con mi madre, que tampoco tuvo nunca casa propia.
Después murió.
Siempre con esperanza, con una sonrisa en la cara y preocupada por los demás.
Linda mujer, mi abuela Mami.
