Vaya pausa… año y pico
Primero te cuento qué pasó. Pasó que me vine al festival que te conté, WEAREPHOTO, y me enamoré. Me enamoré hasta las trancas de un pueblo increíble y mágico: Sanlúcar de Guadiana.
Enamorarse es lo que tiene: mariposas en el estómago, ganas de vivir, sufrir, soñar. ¿Clichés? Sí, muchos. Todos.
Días enteros en que solo pensás una cosa: ¿cómo voy a volver? Fueron dos viajes y una mudanza. Uno, ver casas; dos, firmar contrato; tres, mudanza.
Y acá estoy, escribiéndote esto, en un tren dirección Huelva, donde tengo el coche aparcado y esperándome, con las mismas ganas que yo, de llegar a casa. Av. de Portugal en Sanlúcar de Guadiana. Sí, «Triunfé».
Y ahora, los mismos temores de siempre con los que empieza el amor. Con las mismas miles de preguntas que no tienen ni una respuesta. Cargado de todos los miedos que se te ocurran, pero con la misma ilusión que sentís cuando alguien que te gusta te ríe un chiste. Con esa inconfundible y confundida cara de papamoscas.
A todo esto… todos mis clientes están en Madrid. La hermosa, la seductora, la incomparable y, ahora, abandonada y despechada Madrid, a la que veo una vez por semana como a esa ex que querrás para siempre.
Hoy, duermo en cama nueva, desayuno con otro sol y los olores, la luz y los sonidos son diferentes. Ni mejores, ni peores. Nuevos. Nuevos vientos y nuevos planes. Nuevas sensaciones y la música de la primavera que se viene, y tengo ganas de bailar. ¿Bailamos?
