Antes de enviar este correo, cerré MADPHOTO.
Después de cinco años sin actividad, pude armar una página donde explico brevemente que ya no somos una escuela y que hay un nuevo proyecto en construcción. No muy definido por ahora, pero en marcha.
Me di cuenta hace poco, lo costoso que fue y el precio que pagué. Pero no hablaré de eso hoy. Solo contarte por qué lo cerré.
Los últimos dos años en la escuela, se respiraba un ambiente asfixiante.
No sé si los alumnos podían percibirlo, pero de puertas para adentro, todo estaba mal.
En mi vida, muy pocas veces sentí la sensación de estar “trabajando”; siempre encaré cada proyecto con una consigna: Disfrutar.
Después de cumplir los diez años, todo empezó a chirriar. Y sí, podría haber sido un buen momento para el cierre y pasar a otra cosa, pero como en toda relación, sobran un par de años.
Un día, para un trabajo de marketing, definí a MADPHOTO como “la compañera ideal”.
Los últimos años ya no lo era.
No quería levantarme de la cama, no quería ir, no quería saber más nada… No había más amor.
Los días pegajosos, convulsos, feos. Tristes.
Uno puede escaparse de mil maneras; a mí me dio por los bares.
El desgano empapado de alcohol no es buena receta.
En diciembre del veinte, para mi cumpleaños, me hice un regalo personal (y secreto): cerrar.
La pandemia terminó de cocinar el pastel.
El treinta y uno de julio del veintiuno, dormí como un bebé. Y el dos de agosto salí a recorrer España en furgoneta.
Lo que vino después me lo guardo por ahora.
Hoy, la música suena de nuevo y, como te dije en el primer correo, tengo ganas de bailar.
